Si hay algo que sería absurdo poner en duda es el beneficio de < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la Ley de Responsabilidad Social  ha traído a nuestra música. Que en ocasiones no esté bien implementada en ciertos aspectos es otra cosa, pero de que ha cumplido su intención de hacernos voltear los sentidos un poquito hacia lo nuestro, efectivamente lo ha hecho.

< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /> 

Ha hecho que nuestros radiodifusores -quizá un poco a regañadientes- se hayan dado cuenta de que muchos de los discos que los cantantes de música criolla -o sus promotores- con toda modestia les llevaban, merecían al menos un poquito de atención y que temas como “En Carne Viva” de Scarlett Linares o “Romance Quinceañero” de Luis Silva no han debido pasar el tiempo que han pasado engavetados para luego demostrar que a pesar del paso del tiempo son productos de calidad con una audiencia dispuesta a responderles y a aceptarlos.

 

Pero quizá lo más importante sea que algunas compañías disqueras se hayan dado cuenta de que en sus archivos reposan cantidad de grabaciones importantísimas que en cierto modo forman gran parte de la memoria musical del país. Grabaciones de legendarios intérpretes que corrían el peligro de desaparecer de la memoria de los venezolanos.

 

Velvet es la primera de estas empresas que afronta el reto de reeditar su catálogo venezolano de forma importante, aunque es justo y necesario reconocer que el productor Ely Suárez a través de la serie 40 AÑOS, 40 ÉXITOS ya  había hecho ciertas cosas con música de Torrealba, Mario Suárez, Venezuela Un Solo Pueblo y uno que otro acople.

 

Pero ahora, el objetivo parece haber sido perfectamente enfocado y esta misma empresa ha puesto en el mercado una serie conceptual -a cargo del productor Kiko Contreras quien ha hecho un excelente trabajo- en la que se ha sectorizado la música típica nacional en seis discos sencillos, para culminar con un disco doble que bajo el título genérico de FOLKLORE NACIONAL nos da una visión bastante acertada acerca de nuestra música e intérpretes.

 

El primer disco -quizá como un auto homenaje a su productor- está dedicado a la música de la región andina. Allí están todos esos plácidos valses que ya solo con su música definen la tranquilidad, majestuosidad y nostalgia de los parajes andinos. Héctor Murga, un nombre para coleccionistas, es uno de los destacados en este volumen.

La música de oriente y Guayana es la protagonista del segundo disco brindando un panorama auditivo completamente diferente al del primer disco. Música alegre, vivaz, con todo el calor de la región. Mayra Martí, Rafael Montaño, Gualberto Ibarreto y temas de verdadero interés a cargo de Oscar Adrianza y el legendario Chelías Villarroel.

 

El volumen dedicado a la música de la región llanera es quizá el que presente el mayor número de nombres familiarizados con el gran público: Juan Vicente Torrealba, Reynaldo Armas, Cristóbal Jiménez, Joseito Romero, El Carrao de Palmarito, Reyna Lucero, Eudes Álvarez, Rummy Olivo, El Catire Carpio, Jesús Moreno y Mario Suárez, entre otros, presentan un repertorio destinado a satisfacer el gusto de cualquier amante de este género musical.

 

Lara, es por antonomasia, el estado musical de Venezuela, lo que para la elaboración de este disco representaba un gran reto del que han logrado salir airosos, principalmente gracias a la presencia del mítico Pablo Canela con dos temas antológicos como “Ramoncito en Cimarrona” y “El Gavilán Tocuyano” junto al no menos representativo Pastor Jiménez de quien junto a su grupo Los Quibures se incluyen dos interesantes temas. Grabaciones de Lila Morillo, Mayra Martí y Serenata Guayanesa, entre otros, constituyen un valor agregado en este disco.

 

El volumen titulado genéricamente FOLKLORE REGIONAL CENTRAL es quizá el que presenta -en mi opinión- mayores fallas en su realización, sin que esto desmerezca de ninguna manera la calidad del repertorio seleccionado y de los intérpretes participantes. El problema es que del concepto han debido generarse al menos dos volúmenes más: uno dedicado a la música de la zona del litoral central y el otro al amplio campo de la música aragüeña y mirandina, un género que cada día es descubierto por mayor cantidad de público.

 

Pero la música capitalina es la que marca la pauta en este disco con nombres como los de Héctor Cabrera, Aldemaro Romero, Manuel Briceño y Lorenzo Herrera, además de otros artistas. Títulos emblemáticos como “Dama Antañona”, “Flores de Galipán”, “Quinta Anauco”, “El Jarro Mocho”, “Amalia” y 15 más conforman un muy buen disco, a pesar de lo arriba señalado.

 

El sexto volumen está dedicado a la música de la región zuliana y contra lo que podría esperarse, la presencia de grupos gaiteros no es apabullantemente mayoritaria. Al contrario, toda la música en este disco es rabiosamente zuliana aunque sea interpretada por intérpretes de otras latitudes. Cardenales del Éxito, Rincón Morales y Catatumbo se unen a otros artistas ya destacados en los discos anteriores como Lila, Gualberto, Mayra. Murga, Cabrera, Mario Suárez y el grupo Siembra, aunque hay que destacar en este disco la presencia del Trío Venezuela con su candente interpretación al clásico La Cabra Mocha”. Otros títulos: “Pregones Zulianos”, “Maracaibo en la Noche”, “Fuego Lento”, “Lluvia” y “Brisas del Zulia”.

 

El broche de oro lo constituye el álbum doble titulado VENEZUELA FOLKLORE NACIONAL, un digno complemento a la colección con 42 títulos dedicados a la música de todo el país, muchos de ellos no presentes en los discos anteriores.

Es necesario destacar que cada uno de los discos -a pesar de tener un precio sumamente accesible- ha sido tratado con la dignidad que se merece. Y es por ello que en cada uno de ellos -incluyendo el disco doble- se incluye una amplia presentación  a cargo de Jesús R. Colmenares, una de las mentes más lúcidas a la hora de hablar de nuestra música.

 

Así que ahora corresponde a ustedes, al público, prestar el apoyo definitivo que merece esta gran obra. Por los momentos tienen todo: calidad, nombres de prestigio, excelencia y un precio risible ante las actuales circunstancias. Así que a adquirir este producto. Y que conste que esto no es cuña, sino una exaltación a apoyar una iniciativa bien hecha. ¡Ah! Y a otras disqueras como Discomoda y Palacio, ¡A ponerse las pilas y a escarbar en sus archivos!