Y de pronto, parecía que todos los años del mundo habían caído en aquel salón del restaurante Rucio Moro en Caracas. Pero no eran solamente años; era experiencia, emotividad, amistad, camaradería, emociones compartidas, recuerdos y muchas cosas más, pero por sobre todo, un profundo amor por el medio radial ofrendado por hombres y mujeres que le han dedicado sus vidas.La iniciativa para esta nueva reunión de pioneros radiales partió nuevamente de Oswaldo Yépez, un eterno enamorado del medio que ha dejado plasmado ese amor en la creación del Museo de la Radio -próximamente con sede propia-, de la Cátedra de la Radio, una guía pedagógica para estudiantes de radio y comunicación social, y a través de su libro Cuentos y Recuentos de la Radio en Venezuela, una obra indispensable para aquel que desee conocer un poco de nuestra historia contemporánea.Y como ya es habitual, el poder de convocatoria de Oswaldo Yépez se vio nuevamente reflejado en este acto por medio de la presencia de lo más granado de los sobrevivientes de aquella época maravillosa. Operadores, locutores, directivos, músicos y cantantes, todos ellos con miles de historias a cuestas. Personajes legendarios que dieron forma a lo que aun hoy día es medio de entretenimiento favorito de los venezolanos.El gran ausente en la reunión fue el querido y recordado Virgilio Galindo “Ruyío”, quien apenas el viernes 12 de noviembre había confirmado su asistencia y para quien Oswaldo, en las palabras introductorias, pidió “no un minuto de silencio, sino un aplauso muy fuerte”En un mundo siempre cambiante, en donde el recuerdo de cosas aun recientes parece destinado a perderse es interesante conocer las motivaciones del directivo radial para mantener viva esta emoción: “Yo fui radioyente desde los ocho o nueve años hasta bien entrada mi adolescencia y admiraba tanto a estos personajes que cuando tuve el gusto de trabajar con ellos, a veces en la competencia o a veces a su lado, hubo siempre gran afinidad de intereses, no de negocios, sino de hacer una buena radio. Siempre ha sido una relación muy bella, primero como radioyente infantil, juvenil y luego adulto y luego como locutor, productor director y hasta vicepresidente ejecutivo de radio y TV.Entonces, todos ellos me traen tantos recuerdos que siento que este tipo de homenajes se les deben hacer con mayor frecuencia, ya que en ocasiones pasan desapercibidos. Nos han hecho tan felices a tanta gente, sobre todo cuando no existía la televisión; nos dieron tanta felicidad a través de sus radionovelas, de sus shows en vivo, de sus programas deportivos, etc. que eso es algo que yo -al menos- no podré olvidar nunca.Sé que es algo muy emocional por un lado, pero muy justo por el otro, el reunir a esta gente que en un principio fueron mis ídolos, luego mis compañeros de trabajo y hoy en día mis colaboradores en el Museo y la Cátedra de la radio. Es lo menos que podemos hacer para mantenernos juntos. Ellos rindieron realmente una labor muy romántica, muy poco interesada económicamente, porque ahora ¡todo es billete!, pero en aquella época era la emoción de hacerlo bien, de hacer buena radio y eso tiene un mérito que no hay con que pagárselo a ninguno de ellos”.