Llegó a las ocho décadas de existencia

Oscar Yánes cumplió ochenta años siendo el mismo dicharachero queconocimos hace años en la redacción de El Diario de Caracas hace una década,cuando visitaba a otro “mamador de gallo” llamado “Pajarito” Estévez.

Sobre estas ocho décadas comentó: “La palabra octagenario espavosísima. ¿Tu sabes lo que significa que ante una gran noticia el jefe deinformación grite en la noche: ‘Octagenario de guardia’. Ni de vaina. Como lapalabra veterano tiene ahora un significado muy raro, sería mejor elcalificativo de experimentado”.

Recientemente nueve de los mejores comediantes del país se unieron endiversos espectáculos para la celebración de “Oscar Yanes, 80 años con humor”,show preparado por La Comedia Local para mostrar tres etapas de su trayectoria: suniñez, lo mejor de su vida profesional y una proyección de su futuro, a travésde los ojos de Reuben Morales, uno de nuestros noveles y más brillantesescritores de comedia, alumno aventajado de Laureano Márquez. Y el Museo de la Radio, con Oswaldo Yépez ala cabeza, le rindió un homenaje.

Quienes lo conocen desde hace años, recuerdan un joven de figura enjutarelata las miserias de la guerra, ahora en una curiara, luego en unhelicóptero, más tarde en un campamento militar. Cuesta reconocerlo aunque yalleva el poblado bigote que lo identifica, pero cuando habla, inmediatamente sereconoce como el maestro Oscar Yanes, quien formó parte del pequeño grupo deperiodistas latinoamericanos presentes en Vietnam como corresponsales deguerra.

Ese muchacho nacido en las inmediaciones de Puente Hierro el 25 deabril de 1927, que dio sus primeros pasos en la redacción del Diario La Esfera “ buscando el cafépara los reporteros y observando como escribían las noticias” es hoy, tras 63respetables años de ejercicio periodístico y 80 años de existencia, uno de losvenezolanos más respetados.

Ya presentó su nuevo libro, del considerado escritor más vendido en losúltimos años. Se trata de “¡Nadie me quita lo bailao! Un reportero cuenta suvida”, texto autobiográfico en dos tomos donde “Chivo negro” relata nuevasanécdotas e historias.

Yanes dice en este último libro que su existencia fue otra cuando leyóun aviso en El Universal y su padre, un pastelero de la Panadería Altagracia,le regaló una máquina de escribir. “Cambié la lata de agua del barrio por la Remington. Y me fuidel cerro de Buenos Aires con cinco preguntas en la cabeza. Mi madre, quien nodecía groserías, musitó con resignación: ‘Este muchacho esta loco e’ bola… Asíson las cosas”.