Orlando Castillo, o mejor dicho, “Watussi” como es conocido por todo el público salsómano de Venezuela y del exterior es uno de esos soneros que, a pesar de tener una discografía si se quiere exigua, en base a su gran trayectoria, se ha constituido en valor referencial para cualquier seguidor del género.Nacido -por una de esas casualidades del destino- en una localidad del interior cuyo nombre ya permitía presagiar su futuro, el gigantesco cantante lleva ya unos cuantos años radicado fuera de nuestro país. Pero es su actual estancia europea la que -en su opinión- le ha permitido crecer profesional y espiritualmente. Esta conversación, llevada a cabo en los estudios de Radio Capital durante el desarrollo de nuestro programa Noche de Buenos Tiempos, nos hacen sentir que estas aseveraciones tienen mucho de verdad. Veamos“¿Dónde naces Watussi?”“Bueno, yo nací exactamente en un pueblito llamado Marín, en el estado Yaracuy. Pero fue un nacimiento accidental porque mi mamá había peleado con mi papá y se habían separado. Pero después que nací yo vino la reconciliación y es así como estoy desde los dos meses en la parroquia caraqueña de La Pastora. No nací allá, pero ahí fue en donde abrí los ojos.”“A mí me llama mucho la atención que en el tema “Malunga” tu le cantas a la gente de El Corazón de Jesús. ¿Te criaste por esa zona?”“¡Esa fue la parte más importante de mi juventud! Cuando yo llegué a La Vuelta de la Auyama, que oficialmente es el barrio Corazón de Jesús, tenía apenas 15 años y era un estudiante de secundaria con muchas posibilidades de lograr una carrera, especialmente en ingeniería que era la profesión que me gustaba. Pero desafortunadamente cometí muchos errores de juventud: la política y todas esas tonterías que se le meten a uno en la cabeza me hicieron perder prácticamente tres años de mi carrera estudiantil. Y comencé a frecuentar a gente que vivía en La Vuelta que estudiaba conmigo en el Liceo Agustín Aveledo.Ahí conocí por primera vez lo que era una real fiesta de salsa, en casa de Francisco, por cierto uno de los que nombro en el tema “Malunga”. Antes de eso todo lo que yo conocía de las fiestas era Billos y un poquito de la Sonora Matancera, pero nada como esas cosas como Joe Cuba y Ray Barreto que comencé a escuchar en La Vuelta de la Auyama. Y precisamente, Carlos “Malunga” Pacheco, grandísimo amigo y tremendo boxeador era el tipo que bailaba más. Él fue el que me enseñó las primeras carátulas de la salsa que se hacía en New York, porque el grupo compraba todo lo que salía en aquel estilo.Ahí, gracias a las canciones de Joe Cuba comencé a ver el barrio de New York y no te imaginas la sensación que experimenté años después cantando yo con el propio Joe en las calles de ese barrio.”“¿Y como empieza tu carrera? ¿Por qué te metes a cantante?”“Oye, eso si está duro. Yo pienso que uno nace para cada cosa aunque no lo quiera y eso te lo dice el destino. Como dice Rubén (Blades): “Si naciste pa´ martillo del cielo te caen los clavos”. Yo canto desde que tengo memoria”Y es tan cierto lo que Watussi habla acerca del destino que el tema “Las Calaveras”, indudablemente el que más identifica a su carrera, llegó a su vida como un ramalazo de suerte: “Ese tema forma parte de un disco que originalmente fue grabado por Júnior González. Pero por problemas entre el cantante y los productores decidieron llamarme a mí. Quitaron la voz de él y pusieron la mía, lo que no fue nada fácil, porque todos los tonos estaban para él. Y mira que “Las Calaveras” era un tema de relleno dentro del álbum. Fíjate que el LP se llama originalmente Ya Me Voy, porque ese era el tema en que confiábamos para pegarse. Nadie pensaba en “Las Calaveras” y ese fue el único tema que verdaderamente rompió todo y es increíble como se mantiene aún dentro del gusto del público.Ese tema es de un señor colombiano cuyo nombre no recuerdo ahora y por cierto que eso trajo entre otras cosas una demanda para la compañía que editó el disco ya que nosotros pensábamos que era de otro señor que grababa muchos vallenatos. E incluso me encontré con él en New York y le di las gracias por el tema y en vez de decirme que no era de él me lo ratificó y de allí salió la demanda”Entre las muchas reflexiones que hace Orlando acerca de su carrera está la de considerar al quehacer musical como uno de los más difíciles del mundo: “En apariencia es algo muy bonito. Todos los artistas de éxito tenemos todos los billetes y todas las muchachas, pero en el fondo es uno de los trabajos más duros del mundo. La gente te reconoce, pero tu no reconoces a la gente. Tienes que ver a todo el mundo de la misma forma, con el mismo cariño y muchas veces le das tu confianza y tu cariño a gente que no conoces. Te juegas todo en ese momento. Pero los sufrimientos los pasas tú; los malos momentos los pasas tu. Con el público se comparte solamente la parte chévere de la carrera.”“¿Qué te ha traído la experiencia en este momento?”“ La serenidad de cumplir con mi trabajo en la mejor forma, aparte de estar obligado a estudiar cada día un poquito, aparte de darme cuenta que uno sabe muy poquito y que es mucho lo que falta por aprender. Uno de mis orgullos es que la juventud de mi país no es como fuimos nosotros. Son gente de estudios, no como nosotros que éramos más de guataca que de papel.”La conversación es interrumpida a cada momento por llamadas de sus admiradores, incluso por colegas como El Pavo Frank y Tata Guerra. Pero debemos retomar el tema de sus inicios“¿Cómo empiezas a cantar profesionalmente?”“ Bueno, empiezo semiprofesionalmente con un sexteto que estaba en el piso 13 del bloque 1 de La Silsa (23 de enero-Caracas) de un músico de apellido Monterola y, Humberto Moreno, quizá el mejor amigo que he tenido, me llevó al ensayo de Los Excitantes, que así se llamaba el grupo. Humberto era el cantante y en una de esas noches de ensayo -porque yo empecé a ir todas las noches- él mismo me pidió que cantara algo. Yo no quería, pero después de que todos insistieron canté “La Lengua” y allí mismo todos me pidieron que me quedara. Como en ese tiempo yo tenía un aspecto un poco extraño Monterola no quería. Pero los músicos amenazaron con hacerle huelga y tuvo que aflojar.”La carrera con Los Excitantes duró solo unos cuantos meses, pero allí mismo (1969) es llamado nada menos que por Príncipe y su Sexteto, una mini banda que aún no ha sido reconocida en su justo valor en la historia de la salsa en Venezuela. Con ellos hace su primera grabación, a la vez que su primera composición -“Hola Ocumare”- para pasar ya directamente a las grandes ligas con Los Satélites (primera orquesta venezolana en el Madison Square Garden, siendo Orlando por consiguiente, el primer cantante venezolano de salsa en ese sitio), Porfi Jiménez, La Renovación y Federico y su Combo Latino con quien permanece tres años para comenzar una meteórica carrera internacional con nombres como los de Rafael Cortijo, Bobby Valentín, Joe Cuba, Típica 73, Conjunto Libre, Ray Barreto, Larry Harlow, Eddie Palmieri y Bobby Rodríguez y la Compañía.Y es precisamente una decepción con La Salsa Mayor la que lo hace abandonar el país marchando primero a Puerto Rico y posteriormente a New York. Pero es un tema sobre el que prefiere no ahondar, aunque sostiene que, a la larga, quien lo decepcionó le hizo un gran favor. “A veces la gente que te hace un gran daño no sabe -y tu tampoco- que te está haciendo un beneficio. Y cuando entiendes que si no hubiese sido por el daño o la mala intención de esa persona no estuvieras donde estás le tomas un aprecio impresionante a esa persona.”En su ínterin en Venezuela, a mediados de los 70, participa en un proyecto abortado de una big band con el gran músico Mario Fernández, del cual solo ha quedado como testimonio la existencia de un 45 rpm con los temas “Nutville” y “Humanidad”, este último vocalizado por nuestro entrevistado.“¿Porqué te vas a Italia, en donde ahora resides?”“Ya el ambiente en New York desde 1986, según mi punto de vista, empezaba a entrar en decadencia. Esa es una ciudad que se ha tratado de mantener económicamente y en todo sentido al más alto nivel porque representa prácticamente a Estados Unidos como la capital del mundo. Pero como el tiempo no cree en nadie ya la ciudad ha cumplido con su ciclo de importancia y vitalidad. Y lamentablemente, cada vez que pasa algo, cada vez que hay alguna tragedia, lo primero que se elimina es la música en vivo. Cosa que no me explico porque cuando sucede algo todo el mundo sigue trabajando. Pero los músicos no.Entonces, cuando una ciudad como esa comienza a tener problemas económicos, lo primero que te cierran son los locales de música en vivo. Y eso comenzó a suceder en ese tiempo. Cuando cerraron el Corso (local homenajeado por Pacheco en su “Corso y Montuno”) fue el principio del final porque después siguió el Village Gate, en donde nacieron la Allegre All Stars y la Fania All Stars, se estaban acabando con tradiciones y algo te empieza a indicar que las cosas van en picada.Yo tenía una familia y tenía que mantenerla y estaba dispuesto a hacer lo que hacen gran cantidad de músicos: trabajar de día y matar un tigre de noche, cuando saliera, una cosa que nunca he hecho, gracias a Díos en 35 años. Uno quiere ser músico desde que se levanta hasta que se muere y yo sentía que estaba llegando al final de mi carrera en NY. Afortunadamente, de París llegaron unos amigos míos en 1988: Alfredo Cutuflá, timbalero venezolano junto con Charuto, un argentino.Ellos tenían una orquesta preparada en París para acompañar a Cheo Feliciano si aceptaba el contrato que iban a ofrecerle. Cheo no quiso ir si no era con su orquesta y los muchachos me ofrecieron el contrato a mí. Pasé tres años en el New Morning, el sitio más importante que había en la ciudad y en Europa, donde solo presentaban a los más grandes del jazz y en música latina Celia Cruz, Ray Barreto, Mongo y Puente. Después llegó Camilo Azuquita y después yo.”Pasa luego a radicarse en Rótterdam, Holanda en donde le arman una banda con la que efectuaría su primera gira europea en compañía de Tito Puente. Pero por su familia se ve obligado a regresar a NY, hasta que al año siguiente es contratado por la discoteca Rolling Stone de Italia y es en ese momento cuando decide radicarse definitivamente en aquellos lares. Y es a lo largo de ese tiempo que ha visto la evolución a nivel danzante que ha sufrido el público italiano, a punto tal que él mismo cantante considera que hoy día hay muchos italianos que bailan la salsa mejor que cualquier latino.“¿Qué te ha traído él radicarte en Europa?”“ Me ha hecho crecer no solo a nivel personal, sino musical. En NY yo no tenía tiempo para nada. Allá tu tienes que hacer, no puedes pensar. En Europa tengo tiempo de pensar, de analizarme, de escuchar mis errores y superarlos. Estudié canto por primera vez en mi vida con un profesor lírico y eso ha cambiado totalmente mi forma de interpretar. Aprendí a cantar, porque una cosa es que tu pienses que cantas y otra es que sepas cantar. Son dos cosas muy diferentes.”Un proyecto en Grecia -una fusión de varios ritmos- junto a un músico cubano y al baterista Lucas Sideras, de aquel recordado grupo El Hijo de Afrodita, mantiene por los momentos su atención a nivel de grabaciones. No le interesa grabar salsa por aquellas latitudes pues considera que lo que se hace por allá en este estilo no es competitivo. “¿Cómo sobreviviste al auge de la salsa erótica?”“Después de que tu conoces el mar y sabes donde están las aguas bravas y las aguas mansas lo importante es que tu sepas flotar. ¡Ni siquiera nadar! Tan solo flotar. Si sabes flotar no te ahogas aunque no sepas nadar. Basta con que te quedes tranquilo. Yo me acostumbre a flotar, no a luchar contra la corriente. Al final llegué a la conclusión de que no me iba a mortificar por la salsa erótica.”Una excelente metáfora después de la cual haría énfasis en la reorganización sindical de los músicos en Venezuela y en la unión necesaria para lograrlaDe muchas cosas más, bien interesantes, conversamos, pero imposible transcribirlas todas aquí. Presto ya a regresar a Milán, su sitio actual de residencia, añora un pronto regreso que le permita compartir algo más de tiempo con sus afectos. Mientras tanto, y en este corto periplo venezolano compartió un par de horas con nosotros. Dos horas que en realidad agradecemos por todo lo que nos dejaron.