Así   se inicia la agenda de este centro cultural con 13 obras magistrales del ingenio de Oswaldo Vigas, maestro del arte contemporáneo, quien presenta con la exposición “Mis Curanderas” una serie de lienzos de gran tamaño, rebosantes de fuerza y vitalidad.
  • Considerado uno de los artistas más importantes de Venezuela y de Latinoamérica, es un honor para el público capitalino contar con la presencia del maestro Vigas en esta etapa tan importante de su brillante trayectoria, en los espacios abiertos de la Torre BOD – Corp Banca de la Castellana.

  Corp Banca presenta desde el 24 de marzo una de las más importantes muestras pictóricas del año 2010 y engalana su agenda cultural con la presencia del maestro Oswaldo Vigas y su exposición “Mis Curanderas”, 13 obras –en esta oportunidad de gran formato- donde el trazo y el color se unen para expresar su más sentido homenaje a la feminidad. El título de esta muestra “Mis Curanderas” hace alusión de parte del artista a un momento difícil, vivido por él en año reciente en una Clínica de Caracas. Pasada la gravedad, en una libreta que siempre lo acompaña, bajo su lápiz empezaron a emerger, una vez más, dibujos de mujeres nacidas de su imaginación como antes lo fueron sus famosas Brujas, sus Maria Lionzas, sus Señoras, sus Doncellas, etc., etc.   La mujer, la feminidad, ha sido para Vigas un eterno motivo de inspiración y, esa vez, en vista de las circunstancias, decidió llamarlas “Mis Curanderas”. Ellas son, como él mismo lo dice “sus intermediarias, las que siempre están disponibles para ponerse en su lugar cuando se trata de resolver cualquier situación para la cual no se siente capaz”.

Oswaldo Vigas, uno de los grandes maestros del arte contemporáneo nacional y latinoamericano, ha sido y es un artista muy activo, conquistado por una pasión que le poseyó   desde muy pequeño y que le hizo abandonar otras inquietudes como la medicina por ejemplo (se graduó de Médico en la UCV en 1951) para dedicarse a pintar.

El Centro Cultural BOD – Corp Banca lo acoge en sus espacios abiertos para recibir estas obras de gran formato en un lugar nada convencional, donde por vez primera el público podrá ser testigo y cómplice de Vigas en   la exposición de esta nueva serie de lienzos nacidos en momentos muy especiales para el artista.  

Y como una respuesta a todas esas mujeres que de una u otra forma han incidido en su vida, las representa desde sus lienzos, con plenitud de colores y formas, con su óptica tan personal como un agradecimiento por toda la ayuda que le han prestado a lo largo de los años. En sus propias palabras: “Por ser compañeras de noches y sueños, con los ojos abiertos y los ojos cerrados. Acompañantes de aventuras. Porque nunca me han traicionado; por el contrario, me han aconsejado en los momentos difíciles. Desde que era un adolescente, un niño todavía, las escucho”.    
 
Hoy Vigas, un artista con múltiples reconocimientos en el mundo, nos regala una serie de 13 pinturas únicas para esta exposición, en formato de 200 x 130 centímetros, las cuales estarán expuestas al público a partir del 24 de marzo de 2010 en los Espacios Abiertos del Centro Cultural BOD – Corp Banca, como inicio de su programación del año. Para visitarla, sólo deben pasar por la Torre Corp Banca Espacios Abiertos de la entrada principal a la torre La Castellana, en sus horarios de apertura, cualquier día de la semana.    

En “Mis Curanderas” Oswaldo Vigas sigue mostrando su creatividad, más allá de las vicisitudes de la vida. Las pasiones que dejan pasados marcados en el rostro y las maravillosas huellas de un universo andado y desandado entre amores y desamores, una vida regida por la pasión de la vida misma para y por el arte. Las huellas de muchas exposiciones personales, de muchos homenajes, de cantidad de reconocimientos… ¿cómo   resumir una vida tan vivida, tan intensamente trajinada? Muchos museos del mundo han alojado su trabajo.

El maestro nos sorprende nuevamente, siempre con la certeza de sus conocimientos, de su análisis y reflexión, en un momento particular de su vida. De manera coherente, propone al espectador una nueva forma a de mirar su pintura; sus Curanderas hablan a través de sus trazos y de sus impactantes coloridos. Esta exposición es una novedad en cuanto a su relación   con el arte. El maestro Vigas nos demuestra una vez más la profunda intensidad   de su creación; el tamaño de las obras transgrede los códigos formales convencionales; esta propuesta artística aporta en la obra de Vigas una nueva y vanguardista dimensión plástica.

Es necesario recorrer esta muestra palmo a palmo, las obras de Vigas que conforman esta exposición en los amplios espacios abiertos del Centro Cultural   BOD – Corp Banca   invitan a ello. El espacio del arte es un espacio de vida, y por ello nos complace y asumimos que disponer nuevamente de un lugar generador de cultura es contribuir al enriquecimiento espiritual del venezolano.

Estos espacios que se abren nuevamente este año con la exposición “Mis Curanderas” del maestro OSWALDO VIGAS, ofrecen la posibilidad de sacar al ser humano de su cotidianidad más sencilla para colocarlo en la situación de poder disfrutar de uno de los grandes placeres del espíritu. Estamos seguros que esta exposición   convocará a un amplio público que, en su transitar de esos espacios del día a día, podrá descubrirlos nuevamente y compartir con las Curanderas   del maestro Vigas la posibilidad de una grata lectura en un espacio que ha acogido los secretos divinos de su alma.

Es importante señalar que esta exposición apoyará a la Asociación Civil sin fines de lucro Acción Solidaria, dedicada a reducir el impacto social de la epidemia del VIH/SIDA en Venezuela y otros países de habla hispana.

Esta es una invitación de la Junta Directiva del Centro Cultural BOD-Corp Banca y del propio maestro Vigas. Una de las exposiciones más importantes del 2010, por lo que aconsejamos darle toda la atención que se merece.  


  Más sobre Mi Curanderas, Oswaldo Vigas, enero 2010

Las curanderas y los curanderos, en el mundo egipcio, estaban muy cerca de los dioses. Por eso se les veneraba y sus imágenes se reproducían en las tumbas para que acompañaran en el más allá   a sus seres queridos.

Curanderas son todas las mujeres que he amado. No eran de oficio sino aficionadas, pero tenían la vocación indispensable para tratar y comprender a los enfermos tal como soy yo, porque siempre estuve enfermo, desde que me conozco. Me curé   siempre de una para caer en otra. Sarampión, tos ferina… paperas nunca tuve, amigdalitis tampoco, pero pude gozar una malaria durante varios meses. La quinina hizo el milagro y salí de ella. La tifoidea por poco me mata; de tantas inyecciones me salió un absceso en una nalga… Eran los tiempos de la primera campaña antipalúdica. Cuadrillas de trabajadores cruzaban el país en todos sentidos para eliminar los charcos de agua donde crecían las larvas del anofeles, trasmisor de la malaria. Una de sus variantes la llamaban “la económica” porque el enfermo no duraba más de tres días. Miguel Otero Silva, en su novela “Casas muertas”, relata magistralmente la desaparición de todo un pueblo. Por Tinaquillo, El Pao, El Baúl, El Tinaco, diariamente se formaban las procesiones que acompañaban a los muertos del día. Tal vez esto fue uno de los elementos que despertó en mí la vocación de servicios que me llevó a estudiar Medicina.

Mis curanderas me acompañan en la noche, en el sueño, en la vigilia, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados. En los momentos difíciles me aconsejan. Desde que era un adolescente, un niño todavía, las escucho. Nunca me han traicionado. Ellas acompañan todas mis aventuras. Seres fantasmales que están cerca de los espantos que acompañan los sueños. Pero nunca son malévolas. Curanderas y brujas son de la misma familia. Primero nacieron las brujas, abriendo el camino que luego siguieron las curanderas.

Cuando era casi un niño todavía, mis maestros de escuela solían decir que tenía vocación para ser Sacerdote. Y es verdad, pero mi vocación era para ayudar a los demás. Mi problema, sobre todo, fue el escoger. Y todavía me pregunto hoy en día si no habré estado equivocado. De una cosa estoy seguro, apartando todas las demás, mi vocación para el arte dejó fuera todas mis otras inquietudes, inclusive la práctica de la medicina que es una actividad admirable pero para la cual reconozco que nunca estuve preparado. El dolor ajeno me afecta más que el mío propio. Por ello las curanderas, además, me han servido de intermediarias. Ellas siempre están disponibles para ponerse en mi lugar cuando se trata de resolver cualquier situación para la cual no me siento capaz. Buen ejemplo es esta exposición; en ella están actuando a beneficio de las personas con VIH, una terrible pandemia de nuestro tiempo, misteriosa en su origen, que se extiende por el mundo, dejando atrás a todas las enfermedades que han azotado la humanidad.

Estas curanderas que ahora se exponen nacieron en momentos muy difíciles para mí, en una habitación del Hospital de Clínicas Caracas. Me ayudaron mucho al hacerse presentes en la punta de mi lápiz. Sólo tenía que dejarlo correr sobre las páginas de la libreta que siempre me acompaña para que se produjera el milagro. Así surgieron, pequeñitas, pero dispuestas a crecer. Y aquí están….     Incrédulo, las observo…..  


Más sobre OSWALDO VIGAS

Nace en Valencia, Venezuela, en 1926. Durante los años de 1942 a 1951 organiza sus primeras exposiciones individuales y obtiene sus primeros reconocimientos. Realiza estudios de Medicina en la Universidad de Los Andes y la Universidad Central de Venezuela en Caracas. Se gradúa en 1951, pero no ejercerá la profesión por incompatibilidad con su oficio de pintor. Forma parte del Taller Libre de Arte de Caracas y frecuenta la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas.

En 1952, después de haber sido merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas, del Premio Arturo Michelena y del Premio John Boulton, se instala en París.  
 

Al año siguiente ingresa a l’Ecole des Beaux Arts , en los talleres de grabado y litografía de Marcel Jaudon y de Stanley William Hayter. Durante ese año realiza   cinco obras murales para el proyecto de integración de las artes que anima el arquitecto Carlos Raúl Villanueva con motivo de la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, posteriormente declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad. En 1955 organiza, desde París, la exposición internacional que festeja los 400 años de su ciudad natal, Valencia, en la que participan, junto con los pintores venezolanos, Picasso, Léger, Magritte, Max Ernst, Appel, Lam, Petorutti, etc.   En 1957 viaja a Venezuela y participa en la elaboración del Manifiesto de los Intelectuales contra la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, el cual será derrocado ese mismo año. En 1958 es nombrado Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela en Francia, cargo al cual renuncia en 1962. En ese mismo año es uno de los principales promotores de la 1ª Exposición del Arte Latinoamericano en París que se presentó en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris . Durante estos años tiene varias exposiciones individuales en la capital francesa y participa en importantes Salones de Arte, en particular el Salon de Mai, Salon Réalités Nouvelles y Donner à voir, así como en La Bienal de Sao Paulo, el Carnegie International of Pittsburg y en la Bienal de Venecia. En 1964 regresa a su país.

En 1965 se instala en Mérida con su esposa Janine y se encarga de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes. Cinco años durante los cuales la ciudad será testigo de una intensa vida cultural: crea la primera Escuela de Cine de Venezuela, organiza el Festival Internacional de Música y la Primera Muestra del Cine Documental Latinoamericano y, en 1969 junto con Juan Astorga Anta, crea el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. Durante   ese tiempo sigue pintando intensamente (series de las María Lionzas, Litúrgicas, etc.). En 1967 ha nacido Lorenzo, su único hijo.

A partir de 1970 vive y trabaja en Caracas donde ocupa el cargo de Director de Artes del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes –INCIBA- 1971-1972, y es Miembro del Comité organizador de la Galería de Arte Nacional y del Museo de Bellas Artes.

Desde 1973 está   exclusivamente dedicado a su obra, agregando a la pintura y el grabado, la escultura, la cerámica y la tapicería. Participa en numerosas exposiciones colectivas y presenta exposiciones personales en varios continentes: Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y Japón.


En 1993, después de recibir el Gran Premio de Arte Contemporáneo S.A.S Prince Rainier III de Mónaco, el Musée de la Monnaie de París lo recibe con una gran retrospectiva. En 2000, igual exposición se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofia Imber. En 2005 se inaugura su imponente mural en la Ciudad Banesco de Caracas (200m2), y el Musée Jean Lurçat et de la Tapisserie Contemporaine de Angers, Francia, lo acoge con una nueva retrospectiva de su obra. Sufre quebrantos de salud los cuales, lejos de alejarlo de su arte, incentivan su creatividad que se manifiesta en un sinfín de dibujos y proyectos, desembocando en obras de impactante colorido, entre ellas la serie de óleos de gran formato que conforman la actual exposición “Mis Curanderas”.  

En 2008, el Gobierno francés lo asciende al grado de Commandeur dans l’Ordre des Arts et des Lettres. Sigue dedicado a su obra, al mismo tiempo que supervisa la organización de una nueva retrospectiva en Francia y en Latinoamérica.

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