Columna: Un punto de vista

Elúltimo fruto de Miguel Issa, La Zaranda; tenia laintención de tocar de semejante modo la sensibilidad nostálgica y memorativa deun público tan vasto: los niños. La recreación de un mundo infantil, ununiverso místico y de celebración, lleno de canciones y momentos lúdicos captócon su inocencia y su sentido de la traducción, plasmadas en el folclorepopular, a los espectadores mas grades o pequeños desde su memoria.

Y si se insiste tanto aquí en la ambientación musical que contribuye acrear la mencionada impresión de felicidad, es por que en ella recae buenaparte del sentido genérico y narrativo de la creación. La ilusión de momentosde celebración colectiva parece seguir sin fin el ritmo de la vida de La Zaranda  paramostrar cierta perpetuación situada temporalmente en un limbo histórico. Lafuerte presencia de la música de la cantante Morelia Muñoz, refuerza esainterpretación lúdica de una historia de honradez pueril, puesta entre dichocuyos antecedentes se pueden retrotraer hasta el teatro clásico infantilvenezolano. Sin embargo, es la composición musical de la puesta en escena laque termina de redondear el juego infantil. La formulación precisa de este entretenimientomusical intradiegético conformara una identidad, que dialoga iconográficamentecon una composición evidentemente venezolana, que logra  apelar el sentido tradicional de la poblacióneminentemente popular.

La relación de los intérpretes, a pesar de la situación jerárquica, yel valor de las piezas musicales que rigen la escena hacían imposiblematerializar el teatro-danza de cual nos tiene acostumbrado Dramo, pues el motus del espectáculo era la recreaciónde un espacio idílico, ordenado, infantil, sencillo, pero lleno, de alegría,utilizando bailarines no consagrados -como Simón Álvarez, Lester Arias,francisco González, Brian Landaeta, Ferlyn Ramírez, Ildemar Saavedra, JuanSolórzano y Alexis Sulbarán. Además de contar con la presencia desenvuelta delos actores: Simona Chirinos y Rafael Gil, inestimablemente dirigidos por Issa-se corresponde con una atractiva puesta en escena, pero sin duda el valor de lapropuesta radica sobre todo en la recreación ambiental del locus tierno, tanto a efectos de escenografía como del dispositivoescénico de todos los abundantes números musicales. Isaa no duda en usar lascanciones de Muñoz que permiten, dentro de las posibilidades con las quecontaba la producción. Mas bien al contrario, La Zaranda  nace como una producción diferente parael mercado incipiente infantil de la actualidad.

Por lo tanto La Zaranda hizoconocer un mundo pintoresco y valedor de una tradicionalidad nadacondescendiente con los tiempos modernos. Pero la propuesta del Dramo supone,sobre todo, la irrupción de todo un acervo musical venezolano, ya depurado por la Fundación MoreliaMuñoz, pero de un colorido y alegría.

De todas las canciones que cantó Morelia Muñoz, se nutrirá unageneración que cantará a grito pelado las canciones infantiles, y si lahistoria no le parece mala, Dramo sela volverá a contar.