Un punto de vista

Del controvertido dramaturgo, Juan Carlos Gené, la escena teatral puedeconfirmar uno de sus textos más desapacibles y angustiantes. Me refiero almontaje Golpes a mi puerta, llevada aescena por un osado e incipiente Luís Fernández, en su debut como director. Unapropuesta artística y hermosa que se mantiene en su capacidad de provocar al presentey completamente complaciente para los gustos de un espectador habituado aconsumir escenificaciones tradicionalmente en espacios convencionales. Bajo la graciadel Fondo Único Social; esta desfachatada escenificación aguarda por un públicodesprejuiciado frente a lo que desean consumir un producto teatral de altafactura artística gracias a Elías Yañez. Es un privilegioque instituciones estadales sean patrocinantes de montajes que no van con lacorriente política del gobierno actual. Como si una triste realidad inevitablefuera capaz de quitar el aliento vencedor que la Revolución obtiene enotros renglones.

La propuesta del audaz Fernández se nutre del texto del maestro Genéarmando escenas donde el valor del espacio -concebida por el propio director-se inunda con una estructura de diálogos inflexibles, áridos de emocionalidad,pero, incisivos en su dureza de significación. No hay efectismo ni facilidadespara la expectativa del público sino que este deberá enfrentarse a la circunspecciónde la imagen y a la sordidez de las acciones. Una puesta en escena áspera si sequiere, provista con las sutilezas, dejos e intenciones de la nómina actoral,donde cada papel debía construir una cierta continuidad de conducta ante quienle envuelve y esparcir con la extensión de cada inflexión, miradas, movimientos,silencios e interacciones, con el resto de los demás personajes a fin de rebasarel complejo horror de la tragedia que les toca asumir tras este dramacontemporáneo.

En lo particular, los únicos compromisos sinceros brindados por GladysPrince, Luigi Sciamanna y Ana Castell fueron ecuánimes, serenos y eficaces ensus actuaciones. Golpes a mi puerta, exhorto,no es un montaje para divertirse ni para entretener. Es una pieza que probable intranquilicey indigne, que, el resultado ha sido desconcertante para el público medio yesplendido para quien sabe interpretarlo, claro si hay la capacidad desoportarlo. En fin, es una oferta que no le será fácil, ni divertida, ni ligera,sino golpes tras golpes; ojalá Lazo y Fernández recuperen la fe extraviada enun país que los apoya y que financia cada pretensión teatral que se les ocurre.