La    Cordillera de LosAndes   posee una enorme y variadatopografía que   combina   paisajes de pie de monte con el de los páramosatravesando bosques nublados y cafetales  de sombra. Es una de las reservas de biodiversidad más importantes denuestro país. Allí   enclavada está lamítica aldea de El Quinó  llamada así por los indios Quiníes; ubicada enel Parque Nacional Sierra Nevada Edo. Mérida.  Iniciamos  nuestro viaje desde   Barinas   donde gracias  a las cooperativas Bosque Nublado y Mukusangú   nos trasladamos   a Socopó  para continuar hasta el primer punto de descanso en el pie de montellanero-andino.

Palo quemao: Constituídopor viviendas entre montañas desde   donde   avistamos las extensas   llanuras de Barinas. Ascendimos en lomo demulas entre bosques   húmedos   con anaranjados bucares atravesando soleadospotreros. Aquí habitan guacharacas, tucanes pavas de monte, coloridasmariposas,  araguatos y el oso frontino,también aves   como el gallito de lasierra, paují copete de piedra,   pico deplata, colibrí cuello azul y huainices entre tantos. Sus habitantes   hospitalarios dedicados al cultivo del café,yuca y maíz.

La Aguada: EdgardPérez y familia de la Mucuposada del mismo nombre, nos ofrecieron un ricoalmuerzo tradicional y luego nos llevaron a un escondido riachuelo con cascada donde disfrutamos unarefrescante zambullida. Al otro día   elcanto de los tucanes   nos dió los buenosdías y los baquianos tempraneros    nosensillaron las mulas. Pasamos  El Cadeno yel puente   antiguo sobre el río Socopó. Gavilanes   volaban a nuestro paso. Se descubrióentonces   un paisaje de enormespotreros   y puras cuestas: La Casimba, laLagunita. El canto de las chicharras nos acompañó buena parte del camino.

El Quinó : Al llegar descansamos en laMucuposada La Paragüita donde Teodolio Dávila y familia brindaron un rico caféde bosque como bienvenida y sencillas  literas. Junto al gran taparo contiguo a la capilla  supimos que esa noche habría una últimaParadura del Niño Jesús a la cual fuimos invitados. Compartimos   con Don Antonio Dávila poeta del Quinó quiennos relató “la montaña es la madre de la flora, la fauna y del agua quealimenta y sana” “Yo nací cuando mis padres se echaron una encontradita   en un baile”. Caía la tarde cuando pasó unabandada de loros. Ya de noche, niñas y niños en juegos de ronda, músicos conviolines ofrendando versos al Niño, una estampa viva de cultura y tradición. Unbaquiano expresó “para ser baquiano no basta con conocer el camino, los saberesculturales y los dones de la naturaleza, también hay que satisfacer a losvisitantes” y nos leyó: El Quinó donde el camino es una aventura, la gente unamaravilla, la aldea un sueño, el paisaje un tesoro, usted un visitante felíz yel café una divinidad”.  Ya al clarear denuevo sobre las mulas nos adentramos por Cuesta del Ramo y la Boroquera, elAlto de La Cruz y la Cuesta de La Bandera, allí apreciamos una impactante vistade las cumbres de los picos llamados las cinco Águilas blancas hasta quearribamos a un campamento en las alturas.

Boca e ‘monte: refugio paramero con carpas donde comimosjunto a los baquianos dándonos descanso y a las mulas. Noche estrelladainfinita y helada. Escarchado amanecer  donde proseguimos ruta atravesando Loma dePaja, Piedra Bosaliada,Alto de los Portones, La Ventana, Altos de Mukutaki yMukután y Filo de la Ratona entre  “platanillos” y helechos por empinados caminos con lajas de piedra.Conseguimos un enorme caraño árbol medicinal buen antibiótico natural tesoro denuestros bosques. Por el camino Isabelino y otros   baquianos bebían agua de panela para ganarfuerza hasta llegar a la antigua hacienda El Carrizal.   Francisco, Rafaela e hijos junto a AlirioCastillo nos mostraron la hermosa casona que posee grandes baúles de madera,catres y   hasta un horno de barro. Demañana subimos en rústico   hasta nuestraúltima parada: Los Nevados, no sinantes   bañarnos   en el pedregoso río Nuestra Señora delRosario . Aplaudimos estas alternativas   de turismo de base comunitaria   una excelente oportunidad para adentrarse enla   Cordillera Andina y descubrir   los secretos allí guardados por lanaturaleza. Esta ha sido una inolvidable vivencia con toda la luz y los verdesdel mundo!

 Texto y fotografías: Iván Hernández-Rojas

hernandezrojasivan@gmail.com

Mochilero por veredas y atajos de Venezuela

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