Solo le restan dos meses y cumple la mayoría de edad. Un acné curtido por la experiencia de 17 años con licencia especial para corregir los errores ortográficos, de coherencia y redacción de casi dos décadas de periodistas que han pateado las calles de Aragua para procesar la información a través de El Periodiquito. Las canas de su cabello se confunden con la poblada barba, con la mirada crítica que expresa su pluma y el temor de muchos en no pasar el filtro de sus correcciones. Post grado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, docente por vocación, escritor y poeta por naturaleza, periodista por amor al arte. El Premio Regional de Periodismo “Diego Hurtado” 2005, figura entre la larga lista de galardones que le hace compañía al Premio Nacional de Poesía “Juan Beroes”. 30 años en el periodismo, casi 18 años como jefe de redacción de Tu Periódico. El poeta Alberto Hernández, calaboceño, profesor de Castellano y Literatura egresado de la Upel, madre, padre y abuelo; cataloga el periodismo actual como peligroso, riesgoso, en el filo de la navaja, apasionante, aventurero, profesión cuyo ejercicio en estos tiempos también corre riesgo.

Adentrarse en la trayectoria de Alberto Hernández no fue tarea fácil, como tampoco debe ser muy fácil tener la responsabilidad de corregir todas y cada una de las informaciones procesadas por los periodistas de este diario antes de ser publicadas, y compartir la faena con la coordinación de la página diaria cultural más el suplemento Contenido.

 

PEDAGOGÍA VS PERIODISMO O VICEVERSA

No fue a la universidad para obtener la licenciatura en Comunicación Social, profesión que nació del oficio ejercido por escritores y que motivó a la creación de llamadas escuelas de Periodismo mediante las cuales se hizo profesión universitaria.

Pero la pregunta rondaba en el aire: ¿cómo un profesor de Castellano y Literatura se debatió entre las aulas de clase y las pasiones periodísticas aún vigentes?… Sencillo.

“Son oficios muy cercanos, análogos y tienen que ver con la escritura. Todo periodista tiene que estar cerca de la pedagogía -por un lado- y mucho más cerca del idioma que habla, buscando la perfección. Más que labor educativa del periodista es la pedagógica, porque la educación la puede impartir cualquiera. El periodista tiene en sus manos una función muy delicada que no es solamente es enseñar sino cómo enseñar, cómo impartir esa enseñanza”.

Recordó sus inicios en el periodismo. La fuente cultural, para ser más exactos, remontada al año 1976 con el nacimiento de la revista Umbra, publicada en Maracay y que tenía como objetivo registrar los eventos culturales de la región, especializada en contenido literario como libros, creación narrativa, poética y teatral. “Tuvo siete números y marcó pauta importante en Aragua y parte del país. Allí comenzó mi actividad como periodista cultural, aunque ya hacía algo antes en el diario El Imparcial como redactor de “La Página Tres”, diariamente dedicada a la información cultural”. También hizo humor a través de “El Bagre” en el mismo diario regional, página en la que también participaba Héctor Chastre y Emilio Agra. Sus andanzas en el humor también quedaron plasmadas en el diario El Carabobeño con “Matarile”, en la cual compartió junto a  Isabel Allende, Eduardo Casanova, Eneko Las Heras, Aníbal Nazca y Emilio Agra, entre otros.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

 

“LO MÁS DIFÍCIL DEL PERIODISMO ES LA INTOLERANCIA Y EL IDIOMA”

 

Alberto Hernández está claro en que toda pasión encara riesgos y bajo esta premisa no dudó en asegurar que lo más difícil del periodismo actual, basado en las circunstancias que vive el país, es la intolerancia. “El hecho de que uno antes era celebrado por la gente ahora es odiado, perseguido y criticado fuertemente. Pero creo que lo más difícil del periodismo es el idioma, el discurso, cómo abordar la información partiendo de tus conocimientos y afectos. Si no tienes un dominio de tu idioma no puedes escribir bien”, aseguró.

Pausado al hablar pero con convicción, aseguró que el afecto no tiene nada que ver con lo intrínseco de la profesión, “me refiero al cómo abordar, no puedes sentarte frente a una máquina si no estás llenos de pasiones, de sentimientos, motivaciones. No eres una máquina, ni un hombre frío y calculador” y bajo su concepto aseguró que la objetividad no existe pues la verdad es relativa.

 

– M.A. ¿Cómo pudiera definir el periodismo actual?

– Peligroso, riesgoso, en el filo de la navaja, apasionante, aventurero. Una profesión cuyo ejercicio está en riesgo.

 

-M.A. Treinta años en el periodismo le dan autoridad suficiente para hacer un análisis comparativo. ¿Cuáles son las diferencias entre el periodismo de antes y el actual?

– Creo que en el pasado había mucho más romanticismo, más apego a la búsqueda de la información. Era menos dogmatizado, menos casuístico y menos crematístico. El periodista no buscaba protagonismo, hoy en día los medios audiovisuales han hecho que el profesional de la información sea muy protagónico. Antes el periodista destacaba por su calidad, ahora por su eventualidad. Hay mucho ego en los medios audiovisuales. Hoy el periodismo es muy pragmático, depende demasiado del hecho tecnológico y pierde la capacidad indagatoria y cercanía al hecho real. La misma palabra lo dice: la tecnología es virtual. La tecnología es un avance importante en el conocimiento de lo que ocurre en el mundo, en el entorno cercano, pero debe ser solo una herramienta.

 

– M.A. ¿Existe una verdadera libertad de expresión?

– Existen muchas limitaciones. Pienso que la primera limitación la pone el Estado porque evita la autorregulación. Si evita la autorregulación, como ocurre en otros países del mundo, podemos decir que la libertad de expresión está cuestionada. Cuando nos imponen una ley nos están imponiendo limitaciones y al ponernos limitaciones nos autorregulamos, nos autocensuramos. Como dice mucha gente por allí, incluso en los más importantes manuales de estilo de los grandes periódicos del mundo, la mejor ley de prensa es la que no existe, son como las benditas leyes de cultura. La cultura no tiene ley. ¿Cómo le impones la ley a un artista? Esto colida con lo que establece la Biblia sobre el libre albedrío: tu puedes escoger, seleccionar, eres libre, pero tu conciencia tu formación te limita, te frena, no debes pasar de la raya. Tu formación familiar, académica, social e inclusive religiosa te dice cuando no debes caer en excesos. La ética, la moral, están allí. Tu escoges, si quieres pasarte de la raya, si quieres abusar o no. Pero hay maneras de decir las cosas. Si usas la inteligencia te permite pasar de la raya y regresar, sin violentar, sin hacerle creer a esa ley que la estás violando. Todo el mundo no puede lograr eso. Por eso es que es importante la lectura, los libros.

 

¿VEDETTISMO O PERIODISMO? HE ALLÍ EL DILEMA…

Existe un repunte de la carrera Comunicación Social. La apertura de nuevas escuelas en todo el país así lo confirman: Universidad Bicentenaria de Aragua, Santa María, Fermín Toro, Universidad Cecilio Acosta, Universidad Rafael Belloso Chacín, Universidad Arturo Michelena aunada a las escuelas de la Universidad Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Universidad del Zulia. La pregunta es obligada para quien lleva tres décadas en el ejercicio del periodismo: ¿El repunte del periodismo responde al vedettismo de la profesión o existe una verdadera necesidad de defender la libertad de expresión y el derecho que tiene la población a estar bien informada? “Si existe el repunte. A la aparición de nuevas escuelas se suma el deseo personal de mostrarse. Hay un repunte en la comunicación social, no en el periodismo. No me gusta el término Comunicación Social. Es periodista o reportero, porque la comunicación es tan amplia que contiene el reporterismo. Todo el mundo informa y la comunicación social es colectiva. Hay mucho vedettismo y en estos tiempos tan complejos hay mucha necesidad de defender la libertad de expresión, pero creo que la balanza se inclina más hacia al vedettismo, porque creo que esas vedettes no tienen conciencia de la libertad de expresión. Es un problema personal, individual, de la baja promoción del individuo, de quienes acceden a las universidades para sentir que existen. Yo existo gracias a la pantalla, a una voz en la radio, a un nombre en el periódico. Es sabroso ver el nombre de uno impreso en un periódico pero detrás de ese nombre impreso hay una gran responsabilidad.

 

– M.A. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estos nuevos profesionales?

La gran ventaja es que cuentan con una excelente tecnología, la gran desventaja que presentan las universidades y los nuevos egresados es su poca formación. Por supuesto, siempre habrá excepciones. Siento que los muchachos que egresan tienen época formación cultural, son maravillosos en la tecnología pero carecen de lo elemental que es el elemento cultura: desconocen el país, la historia, geografía y el mundo. Desconocen las herramientas discursivas, lo que hace que sea un periodismo mediocre, pobre, discursiva y lingüísticamente hablando. El periodismo es 80 por ciento de calle, las relaciones con la gente, con el informante. El periodista de esta generación tiene mucho más recursos. Tiene las universidades, que no teníamos antes, pues el periodismo académico en Venezuela comenzó hace poco. Héctor Mujica y Miguel Otero Silva crearon en la Universidad Central la escuela de Periodismo luego de estudiar en Chile. Sin embargo, los miembros de la Asociación Venezolana de Prensa eran empíricos porque no habían pasado por la universidad, pero la mayoría de ellos eran escritores, docentes con pocas excepciones. Uno de los periodistas más aguerridos, brillantes que ha tenido Venezuela fue Juan Vicente González, era genial. Dejó una obra literaria muy importante, el mismo Simón Bolívar, no fue a la escuela e hizo periodismo, creo el Correo del Orinoco. El periodismo es la calle, el feed back que te da la gente, la indagación tuya, la curiosidad humana.

 

PERIODISMO: SOLO POR VOCACIÓN

La pasión por el periodismo no es el nombre publicado en el periódico o en el generador de caracteres que identifica un plano medio del periodista en el cierre de una información para el noticiario del mediodía. Es vocación, entrega, horas de hambre en espera de la noticia y los plantones que jamás se anuncian. Es un horario de trabajo entrecomillado porque la noticia no conoce de horario, tampoco de descanso, menos del sueño acumulado de quien va en su búsqueda. Para Alberto Hernández, quien confesó admirar a grandes figuras del periodismo venezolano como Héctor Mujica, Miguel Otero Silva (a quien calificó como periodista integral) y Jesús Sanoja Hernández, el factor clave de un reportero es “la vocación que tienda a integrarme al otro diciendo su verdad. El sujeto vocacional se entrega para decir una verdad. El periodista debe tener un máximo de información que involucre los recursos expresivos y talento, porque no todo el mundo no puede ser periodista. Todos pueden llegar a la televisión porque son bonitos, pero ves a muchos que improvisan y destrozan el idioma. También es sacrificio, quien no sacrifica no tiene nada. Es encarar las dificultades, salir de ellas y en estos momentos, un poquito de valentía y coraje”.

 

VIVIR ES UN OFICIO

Tal y como lo deja sentado en Oficio, crónica que forma parte de Cambio de Sombras, “Vivir es un oficio. O casi. Vivo actualmente como los más despreciables personajes que me hicieron indignarme en mi juventud”. Y es que Alberto Hernández se confesó sin héroes, ídolos o fanatismos. “No soy fanático de nada. He matado los héroes. Los héroes los he rechazado porque nos llevan a la muerte, un héroe siempre trae sangre y eso no lo digo yo”.

Hijo de Baltazar Hernández Loreto (f) y Trina María Delgado, Alberto Rafael cuenta con tres hijos quienes lo consideran digno ejemplo de admiración: Tatiana, quien siguió los pasos del padre y es licenciada en Comunicación Social y fotógrafo profesional; Alberto, reportero gráfico y poeta quien está próximo a bautizar su libro “Susurros de Octubre” y Rebecca, estudiante de Educación Preescolar en la Upel. Quizás otros hijos puedan considerarse “La mofa del musgo”, “Amazonía”, “Última instancia”, “Bestias de Superficie”; obras poéticas que junto a los cuentos “Cortoletraje”, “Notas a la liebre” y “Cambio de Sombras”, entre otras, forman parte de su creación.

“Mi mamá es prácticamente la madre de mis hijos”, confesó el poeta Hernández, de quien sus hijos aseguran que ha sido madre y padre a la vez.

 

-¿Qué es lo más difícil de ser madre?

– ¡Dar la teta, porque yo no tengo teta!… Recuerdo a Rebecca de ocho días que me buscaba el seno, me quedé con ella de ocho días de nacida.

Sin embargo, admitió que ser madre y padre fue una experiencia hermosa “porque me enseñó a ser, a borrar aquella cantidad de clichets, de traumas históricos, culturales que tienen que ver con aquello de que el hombre no puede ser madre. Yo si hice el papel de madre”, comentó. Y es que sin dejar el doble rol, ahora ejerce el tercero: abuelo, “chocho” como lo aseguran Rebecca, madre de Daniel Amisaday y Luna, que tiene apenas 5 meses en la barriga; y Tatiana, mamá de Natalia Valentina.

Una familia que sacó adelante con esfuerzo sin dejar el periodismo, la pasión por escribir y la lectura, lo que demuestra que detrás de un periodista también hay sueños, seres queridos, alegrías, hijos y nietos.

 

– ¿Qué le recomendaría a los jóvenes relevos del periodismo?

-¿Mi recomendación?… Leer y patear la calle… ah… ¡y un poquito de burdel!, pero me lo pones así tal cual, ja ja ja.